
Algunos extractos de un artículo de
José Pablo Feinmann (publicada días después) sobre la asunción a presidente de
Néstor Kirchner, el 25 de Mayo de 2003. .
El Flaco se llama Néstor, como el Presidente. También podría decirse –sin faltar a la verdad– que el Flaco es el Presidente, porque el Flaco, desde el domingo 25 de mayo de 2003, es el Presidente de este país en que todos estamos y también él; nosotros como ciudadanos, él como Presidente. Pero cuando amaneció el 25 el Flaco todavía no era el Presidente. Le tenían que poner la banda, tenía que jurar, saludar a los granaderos, advertirles a los ministros que Dios y la Patria les iban a demandar algo que jamás le demandaron a nadie, así estamos. Entonces, volvemos: empieza el 25 y el Flaco todavía no es Presidente. Para colmo, le hicieron una trampa muy fea, tan fea como podía hacerla el Gran Tramposo, que se bajó del ballottage y lo bajó al Flaco del 70 por ciento al que, cómodo, llegaba. Porque el Flaco, además de Flaco, es alto, de modo que puede llegar al 70 por ciento y hubiera llegado si no fuera porque el Gran Tramposo, que, entre otras calamidades, es muy petiso, no se hubiera bajado, pero se bajó y no hay quién no sepa por qué, el Gran Tramposo se bajó porque cuando sus Amos le dicen “Suba”, él sube, y cuando le dicen “Baje”, él baja, y esta vez le tocó bajar.
Supongo que todos saben quien es el Gran Tramposo, ni hace falta aclararlo. Además, decirle "gran tramposo" es poco insulto, es quedarse corto. Merece eso y mucho más ese hijo de puta.
Volvemos al Flaco. Que, la sinceridad ante todo, no se había lucido durante la campaña electoral. Le decían mucho lo de Chirolita. Que Duhalde lo chiroleaba. Que era el Chirolita de Duhalde. Cosas así. Y el Flaco hablaba aquí, hablaba allá, hablaba donde podía, pero no lo escuchaban mucho. Para qué lo voy a escuchar al Flaco –pensaban todos–, si abre la boca y habla Duhalde, para eso lo escucho a Duhalde, que, por suerte, habla poco, ya que la juega de Prócer Prescindente o de Presidente en Tránsito. Y uno no escuchaba a nadie, ni a Duhalde ni al Flaco. Sin embargo, el Flaco lo necesitaba a Duhalde (y seguramente lo sigue necesitando, pero ésta es otra cuestión) porque el Gran Jefe Bonaerense tenía lo único que restaba de un país que se llamaba Argentina, tan hecho polvo, tan amainado que sólo le restaba un aparato, el duhaldista.
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De modo que el Flaco se pregunta qué tiene y tiene dos cosas: el frío patagónico y el aparato de Duhalde. Llega con esas dos cosas. Se banca lo de Chirolita y empuja. Por fin, gana. Pero por descarte. Gana porque el Otro, el Gran Embaucador, se va. O sea, el Flaco, que llegó como Chirolita, que llegó por medio de Otro, del Gran Caudillo Bonaerense, gana por defección de Otro, del Gran Embaucador. No soy yo, se dice. Soy un resultado. Llegué por Otro y gané por Otro. Llegué porque Otro me hizo llegar y gané porque Otro decidió huir. Entonces, en esta feroz encrucijada, el Flaco toma la decisión de su vida. Decide inventarse. Sabe, como el hombre sartreano, que es nada. Pero sabe que esa nada le abre el infinito, la tarea vertiginosa de ser sus posibilidades, de elegirse, de darse el ser.
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¿En qué momento empieza a inventarse, a crearse, a darse el ser el Flaco? Cuando el Gran Embaucador renuncia. Ahí se pone frente a un micrófono y dice: “Sólo este rostro nos faltaba conocerle: el de la cobardía”. Caramba, qué frase. Algo así no sale del aparato duhaldista. Los aparatos dan muchas cosas. Poder, por ejemplo. Pero no inteligencia, que es, siempre, más que el poder, ya que es su creación y no su mera acumulación burocrática.
¿Cuántos analistas, periodistas, personas comunes y demás afirmaron que K era
el nuevo De la Rúa? Que le faltaba espalda para hacerse cargo del timón, que no podía enfrentar a la crisis. Porque en este país, cuando no te desestabilizaba la pueblada o la milicada, eran los resultados económicos los que te daban una patada en el tujes. Y "el Flaco" le hizo frente y engordó la chequera. Se cagó de risa del forro de
Duhalde y del pelotudo de
Lavagna. A Roberto le dijo "no te necesito, vos no hiciste un carajo", se fue el ahora opositor y la economía no trastabilló y siguió avanzando.
Pero a pesar de haberse despegado de Duhalde y sus secuaces, dudo que K no utilice las mismas recetas para acumular poder que usa el duhaldismo.
Las críticas al
Turco, es cierto, le dieron crédito. Porque no era un tipo muy conocido que digamos, solo en el ámbito pura y exclusivamente político. Pero "el Flaco" de Santa Cruz no se alejó por completo del menemato, es recontrasabido que hay funcionarios suyos que formaron parte de la segunda década infame. Entonces, ¿qué se dice a ésto?:
Mucho ruido y pocas nueces.
Sin embargo, hay aspectos en que se diferencian ambos gobiernos: política internacional, política económica, algo de política cultural, educativa y social. Pero éstas últimas sin grandes transformaciones. El futuro ex-presidente no aprovechó la volada transformadora (en educación, salud, nacionalización de recursos, por ejemplo) que se está desarrollando en varios países de Sudamérica. No, tuvo una postura más conservadora y no agitó mucho el bote.
El cambio más trascendental, fue el asunto de los DDHH. Ahí, nuestro amigo "el Flaco" decidió hacerse "amigo de las víctimas" y empezó a promover los juicios a los represores y dio el visto bueno a la inconstitucionalidad de algunas leyes que sostenían la impunidad. Sin embargo, sufrió golpes graves como la desaparición de
JJ López.
Ah, y otra cosa con respecto a las críticas al nefasto indultador riojano: ¿don Feinmann se olvidó de los abrazos de Kirchner y M*nem en los '90s? Las críticas son loables, pero observemoslá con cuidado. El pasado lo condena al hincha de Racing.
Después el Flaco va al programa de la Señora que Almuerza. Y la Señora que Almuerza le dice eso tan feo, lo del zurdaje que se viene. Y el Flaco le dice Señora, por esa frase, Señora, murieron treinta mil personas en este país. Y todos empiezan a decir El Flaco es Zurdo, qué Zurdo es el Flaco, qué Zurdaje se viene, cuánta razón tiene la Señora. Pero el Flaco sigue. Es posible conjeturar, aquí, que el Flaco está acostumbrado a que le digan zurdo.
Ahora es el 25. Y el Flaco hizo venir a cada gente, vea. Gente que, pongamos por caso, si ganaba López Murphy, no venía. Pero ganó el Flaco y vinieron. Fidel, Chávez, Lula, un horror. Una verdadera acumulación de zurdaje. Pero el Flaco los quería tener porque es afecto a los buenos recuerdos y dijo, después, en el discurso, que tenía algunos, algunos buenos recuerdos, el de la plaza del 25 de mayo de 1973, por ejemplo, la de Cámpora, Allende y Dorticós. Y dijo pertenezco a una generación diezmada. Y ahí –los que todavía no se habían dado cuenta, se dieron cuenta para siempre– ¡el Flaco es un Flaco de la Jotapé! El Flaco es un Flaco del setenta. Un Flaco de la izquierda peronista. Y si no, vean esa foto que aparece en los diarios: el Flaco, más flaco que ahora, como declinando en una silla, los brazos cruzados, escucha a dos o tres barbudos, circa 1972, en Río Gallegos, y los dos o tres barbudos son la imagen de la subversión, son perucas de izquierda de los más bravos, y por ahí el único que queda de esa foto es el Flaco, que los mira y aprende, y cree que del peronismo puede salir algo así como el socialismo, mirá vos las cosas en que creía el Flaco, si habrá sido joven, si habrá sido gil, creer eso, creer eso en lo que creyó la generación más revolucionaria de la historia de este país, la más castigada, la diezmada, como dijo el Flaco. Creer eso, creer que de un movimiento político con un general nazi a su frente podía salir la lucha de clases y la liberación nacional. Pero hay que comprender: el Flaco, en esos años, no leía a Uki Goñi sino a Fanon, a Cooke, a Jauretche, a Hernández Arregui. Y hasta, me juego, el Flaco leía la revista Envido, la única revista teórica que hizo la izquierda peronista, escrita, desde adentro, por flacos de la misma edad que el flaco, que eran, en ese entonces, tan flacos como él, y tan jóvenes y tan apasionados.
Sí, bah, yo no me esperaba que a la asunción de K iba a venir Fidel. A Chávez ni lo conocía y a Lula tampoco. La figura más importante fue el cubano, sin dudas. Y que venga, me sorprendió, dio ese discurso maratónico en la Facultad de Derecho y más de uno habrá pensado que se terminaban las
relaciones carnales con los yankees, que ibamos a mirar más tierra adentro y que el
Pingüino iba a ser el gobernante más progre que tuvo el país. Parecía que con K había un soplo de aire fresco, que se iba a comer a los chicos crudos.
Finalmente, el progresismo lo guardó en la heladera y se quedó con el pragmatismo. Reitero: no agitó mucho el bote. Más allá de las amistades con Evo y Chávez, el hombre no hizo grandes cambios como lo éstan haciendo aquéllos colegas en sus respectivos países.
En "el Flaco", la "centroizquierda" de la que se hablaba no era tal (o se mostraba a cuentagotas). Muchas cosas, las dejó como estaban, otras las retocó y muy pocas cambió.
Y por fin, el domingo, el Flaco gana por goleada. Se come la cancha. Se mete a la gente en el bolsillo. Se hace querer. Se crea a sí mismo. Es un flaco como cualquier otro. Cruza hacia el Congreso. Jura. Juega con el bastón. Tiene el saco desabrochado. Y ahí está Lula. Y Castro. Y Chávez. Y el Flaco está feliz. Y con un ojo los mira a todos. Y con el otro, con el sartreano, de costadito la mira a Cristina.
Es cierto, hubo una primavera kirchnerista. Personalmente, yo adherí a ella, pero luego me fui dando cuenta de que éste gobierno mostró uñas que ya uno observó en el pasado y que no tenían mi agrado. Su gobierno empezó a mear fuera del tarro, aparecieron valijas tropicales, bolsas con guita en los baños, "desapariciones" un poco raras y chau... No se puede tolerar de nuevo que en nuestro país vuelvan éste tipo de escándalos.
Esperaba grandes cambios con "el Flaco". Su gobierno tuvo el raro privilegio de que podía aplicar transformaciones porque no había un
Imperialismo detrás acechándolo (estaban muy preocupados en Medio Oriente) y porque había gobiernos coincidentes en ideología en
América Latina que empezaban a criticar el
neoliberalismo (que "el Flaco" también defenestra) y que hablaban de recuperar los recursos y de cambiar cosas. No se tomaron de las manos todos, K sonreía en las cumbres internacionales pero en casa apostó por conservar las cosas como estaban. Apenas, apenitas, algunos cambios. Creo que el gobierno de su esposa todavía está a tiempo de producir grandes transformaciones en materia educativa, judicial, económica y de salud, pero no creo que las aplique (ojalá me equivoque).
En fin, ¿qué sensación me deja el gobierno del "Flaco"? Que podría haber hecho mucho más y no se animó. O se hizo el boludo.

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